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| Delia Derbyshire en el estudio de la BBC. Años 60. |
Por Soledad Ruiz. Productora, guionista y diseñadora de sonido. Escritora de la newsletter ‘Ruido eterno’
El pasado 10 de octubre tuve la oportunidad de compartir con los integrantes de la comunidad de oyentes de Peces fuera del agua algunos de los archivos de mi investigación sobre el arte radiofónico que se hizo en Europa durante la segunda mitad del siglo XX, es decir, desde 1950 hasta casi la década de los 2000.
Mi objetivo principal con esta MasterPod era romper con la idea de que, en lo que se refiere a la creación sonora de ficción, la única producción de este estilo en el siglo XX fue del tipo que conocemos como radionovelas, lo que nos lleva a pensar que la ficción sonora contemporánea nació con el podcasting.
Nada más lejos de la realidad.
El siglo XX europeo fue convulso, complejo, valiente, devastador en todos los sentidos. También en el sentido del arte hacia sí mismo, con voluntad de cuestionarse, deshacerse, romperse, retarse y de buscar siempre lo no visto. La radio de esta época, que supo entender que una revolución de los lenguajes se estaba gestando, permitió la realización de una serie de obras, tanto narrativas como musicales, muy ligadas a las vanguardias del momento.
A esto añadimos que, en los años 50, nuevas tecnologías se instalaron en las diferentes radios repartidas por Europa: por una parte, el generador de ondas hacía posible crear sonidos a partir de ondas eléctricas (el preámbulo del sintetizador), y por otra, el magnetófono (grabadora de cinta magnética) permitía, de manera manual, aplicar una infinidad de efectos sonoros a los sonidos registrados con un resultado muy similar al que conseguimos actualmente con nuestros DAW de forma digital.
Es por esto que, gracias a esta disposición histórica y tecnológica, en radios públicas como la inglesa, la francesa, la alemana o la italiana, se pudo financiar la creación de una serie de ficciones sonoras que por aquel entonces tenían nombres como Radio Feature o Neues Hörspiel, con una visión del sonido muy diferente a la que manejamos hoy día.
Porque, seamos claros: la mayoría de las ficciones actuales en español guardan más similitudes con las radionovelas de principios de siglo que con los Neues Hörspiel de los años 80, por lo que podemos constatar que la ficción contemporánea no solo no nace con el podcasting, sino que muy probablemente la aparición del podcasting haya supuesto la muerte de esa ficción sonora más experimental.
¿Y en qué consiste esta diferencia fundamental entre la ficción actual y la de mediados del siglo pasado, y por qué digo que la ficción actual se parece más a la radionovela? La respuesta está en algo a lo que en el podcasting se presta muy poca atención, el uso ontológico del sonido:
Mientras que la ficción actual, y la radionovela, se esfuerzan por representar el mundo –esto es, usar el efecto sonoro como si reflejara una imagen objetiva–; la ficción sonora de la segunda mitad del siglo XX se ocupó más bien de expresar cómo se experimenta el mundo, lo que nos da un resultado sonoro más abstracto y subjetivo.
Pero como dice el refrán: ver para creer –o en este caso, escuchar para creer–, nada mejor que una buena sesión de escucha y análisis como la que tuvimos en la MasterPod.
En ella escuchamos de qué manera afectaron estas nuevas tecnologías, unidas a la vanguardia musical, a la narración sonora respecto a lo que se hacía anteriormente en las radionovelas: a) el efecto sonoro deja de usarse de manera representativa, b) el storytelling se deshace hacia un tipo de narración más intimista y poética, c) el silencio alcanza una poderosa fuerza estética, y d) la música no se usa como acompañamiento, sino que se convierte en el lenguaje que organiza estéticamente los elementos del lenguaje radiofónico.
En la MasterPod escuchamos ejemplos de ficciones como Ophelia und die Wörter, estrenada en el año 1969 por Klaus Schöning para la radio WDR alemana. Una ficción en la que las palabras de la propia Ofelia se van descomponiendo hasta que queda atrapada en su propio lenguaje, reflejando la turbación mental que la lleva a ahogarse en el río.
Escuchamos también la ficción sonora documental de Leni Alexander La vida es más breve que un día de invierno (Chile-Alemania), del año 1989, que conecta, de manera dramatizada y con archivos históricos, el terror vivido en la Noche de los Cristales Rotos de la Alemania nazi con el golpe de Estado de Pinochet.
Et si tout entière maintenant, de Luc Ferrari, Francia, 1987. Posiblemente sea esta una de las ficciones más completas e interesantes que rescaté en mi investigación. En ella encontramos una construcción narrativa que usa los silencios y las omisiones como motor de misterio, una banda sonora muy presente y cuidada, el uso de la figura del narrador (en este caso narradora) desde el recurso del diario íntimo, y un decorado sonoro que, lejos de estar posfabricado en un estudio, utiliza grabaciones de campo de un barco rompehielos real que se dirige de expedición al Polo Norte. Y, por si quedara alguna duda de la modernidad de estas obras, en esta incluso podemos escuchar el trío sexual que la protagonista se monta con el capitán del barco y el piloto. ¡Un trío!
¿Hay algo más moderno que eso?
Y, con muy buen atino, a mitad de la exposición de estas obras, uno de los presentes lanzó la pregunta: ¿quién financiaría ahora obras así?
La mayor parte de las obras escuchadas fueron financiadas con dinero público en una época (y países) en los que aún se creía en la experimentación y la búsqueda artística como un bien social. No existía el desconocimiento que arrastramos hoy día sobre la importancia del contexto artístico en cualquier tipo de creación.
Y aquí van, a mi parecer, varias problemáticas que retroalimentan el miedo de instituciones, medios y productoras tanto públicas como privadas, para llevar a cabo obras sonoras que, más allá del entretenimiento fácil, sean capaces de estar a la altura del arte de nuestro tiempo:
El problema de la ESCUCHA. El arte requiere pausa, atención y reflexión. La experiencia estética no es necesariamente inmediata ni tiene por qué ser amable con nuestras ideas (como si fuera un ChatGPT). Una de las cualidades del arte tal vez sea cuestionar el sentido común social. Pero para que funcionen este tipo de experiencias y cuestionamientos se necesita la disponibilidad del otro, la entrega, el silencio y, en definitiva, la escucha. Nada que ver con el tipo de escucha que la industria del audio promueve: lo mejor de un podcast es que lo puedes ¿escuchar? haciendo cualquier actividad. Esto puede ser genial para algunos formatos; el problema es cuando se penaliza (se deja de recomendar y escuchar) toda obra que no entra en esta norma de la facilidad.
El desconocimiento del SONIDO. Nos encontramos en una industria en la que se atiende mucho, muchísimo, a todo lo que tiene que ver con el medio, la difusión y los datos sobre una obra, pero nada sobre aquello que compone la obra: su funcionamiento estético, su lenguaje, sus capacidades expresivas… Es como si en el mundo del arte pictórico se hablara mucho del lienzo y poco sobre la obra pintada en él. Esta pérdida de contexto artístico nos lleva a no atrevernos a poner en marcha parámetros estéticos cuyo funcionamiento está más que comprobado en artes sonoros como el de la música.
La simplificación del PÚBLICO. Existe una tendencia en el podcasting a advertir al público sobre el tipo de escucha que va a encontrar, una práctica que no se da en otras artes. En ninguna parte de ningún museo encontraremos un cartel que nos advierta sobre las salas que recogen arte contemporáneo: ¡cuidado, que este arte no es para todo el mundo! En el arte se sobrentiende que el público sabe, elige, contrasta, disfruta y experimenta lo que le va viniendo en gana. Y no existe un público con un solo gusto (el del entretenimiento o el del arte), sino que somos seres complejos que elegimos diferentes experiencias según el momento y nuestro bagaje vivencial. ¿Por qué va a estar el público de podcasts menos capacitado para escuchar obras más profundas, si ya lo hace en otros ámbitos de su vida?
La dichosa CRISIS económica. Con frecuencia olvidamos que las ideas también son motor del capital, y que eso que llamamos crisis financiera, en última instancia (y no tan última), suele estar relacionada con una crisis de las ideas, que no es otra cosa que una crisis del pensamiento, de la creatividad y, si me apuráis, de la inteligencia.
No sé si este punto de vista resuena con vuestras experiencias en la producción sonora. Desde luego no pretendo hacer una lectura maniquea sobre si un tipo de creación es mejor que otra. Mi defensa apunta más bien a la inclusión, la reflexión, el aprendizaje y a asumir el arte como una parte más de la creación en audio. Además, buena parte de mi crítica se dirige a la producción de ficción y no puede aplicarse de la misma manera a la narrativa de no ficción, principalmente porque existen trabajos en el periodismo narrativo (en buena parte latinoamericano) que mantienen una gran sensibilidad hacia el pensamiento sonoro.
Para quienes no asististeis a la MasterPod, os invito a que os animéis a escucharla; ya está disponible en YouTube. Deseo que os guste mucho y que paséis un buen rato de aprendizaje y escucha. ¡Gracias!
https://peces.substack.com/p/ficciones-sonoras-del-s-xx-el-sonido

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